sábado, 27 de noviembre de 2010

Historia de dos ciudades, Charles Dickens


"Historia de dos ciudades", de Charles Dickens, fue el libro que mi profesor de Historia nos mandó leer, en relación al temario que íbamos a dar: la Revolución Francesa. Quizá por haber estado estudiando en el momento en que lo leí de lo que trata he sabido disfrutarlo tanto. Desde aquí le doy las gracias a mi profesor por haber sabido elegir un libro tan bueno.


Esta historia empieza en Dover, una ciudad inglesa y la zona más cercana a Francia. El señor Lorry, un hombre de negocios, recibe de Jerry Cruncher, un recadero del banco Tellson, el siguiente comunicado: "¡Resucitado!".
El doctor Manette, preso en la Bastilla, una cárcel en la que la aristocracia podía meter a quien quisiera sin juicio alguno, al fin ha sido puesto en libertad. El señor Lorry se lo comunica a su hija, Lucie Manette, que le había dado por muerto. A partir de ahí, viven felices padre e hija, con la lenta recuperación del doctor Manette, que casi acaba desquiciándose en la prisión.
Cinco años después, Charles Darnay es juzgado en Inglaterra, donde es declarado inocente gracias a la intervención de Sidney Carton, un abogado alcohólico y de malas maneras. Es entonces cuando Darnay y Lucie se conocen.
Pasado un tiempo, y habiéndose hecho amigo de la familia, Darnay le pide la mano de su hija al doctor Manette, haciéndole un juramento: como voto de confianza, le revelaría su verdadero nombre. Manette, sin embargo, le ruega que sólo lo haga antes de la boda.
Y, en París, en el barrio de Saint-Antoine, el señor y la señora Defarge se enteran del matrimonio, lo cual sólo traerá peligros para los protagonistas.


PRIMERAS IMPRESIONES
Recuerdo tan bien como si fuera ayer como, a principios de Octubre, cuando mi clase y yo empezamos a leernos este libro, todos pensábamos lo mismo. "¿Charles Dickens? ¿Éste no era el de Oliver Twist?". Efectivamente, esta novela es distinta de casi toda la obra de Dickens.
"¡Dios, qué muermazo, Félix! ¡No me entero de nada!".
Y, efectivamente, también recuerdo las últimas clases antes del examen.
"¡¡Que no me lo destripéis!! ¡Me está encantando! ¡Aaaah, que esto era...! ¡¡Que no me lo destripéis!!".
Yo nunca había leído novela histórica, y la verdad es que tenía la impresión de que me aburriría muchísimo, y cuando lo empecé me pasaba lo mismo, quizá nos pasó a toda mi clase, que lo leímos a la vez. Pero nada más lejos de la realidad, de verdad.
Ni la sinopsis de la contraportada, ni lo que yo os pueda decir sin spoilear sería capaz de atraer a nadie que no haya estudiado Historia o que no le apasione la asignatura, y aún más si tenemos en cuenta que en mi clase todos somos adolescentes, y lo que se impone es la literatura juvenil. Y, sin embargo, muy pocas novelas he leído que merezcan tanto la pena como esta -y estoy segura de que en mi clase no soy para nada la única que piensa como yo-, y como los que habréis leído en el post de "Bienvenidos" mi presentación, sabréis que mis libros favoritos son los cortos y rápidos, al contrario que éste.
Voy a intentar no hacer spoiler, a pesar de ser muy difícil expresar el verdadero valor de esta obra y todo lo que me "picó" sin destriparos nada. Pero voy a intentarlo.


Pequeñas pinceladas
Es esto lo que Dickens nos da a lo largo del primer y segundo libro. Pequeñas pinceladas a las que hay que estar muy atento, porque como te despistes en algún instante, es posible que pierdas el hilo. Y es que todo, todo lo que pasa en este libro es por alguna razón. Y todo se sabe y todo se desvela en el tercer libro, el más finito pero, sin duda, el más trepidante.
Como los inicios de la Revolución Francesa, este libro comienza de forma moderada. Lenta, pesada, a veces incluso con hechos incomprensibles, en los que piensas "¿y éste qué pinta aquí? ¿y por qué dice esto ahora?". Pero, al igual que al final de la Revolución Francesa, el ritmo de este libro va en aumento hasta que llegamos al punto cumbre de la novela, el tercer libro, que resulta simplemente más que maravilloso.
Dos historias son las que nos narra Dickens en esta obra: los Manette y su vida, en Inglaterra, y la rabia contenida y, poco a poco, exaltada, del pueblo francés, en el barrio de Saint-Antoine. Lentamente se van desarrollando bajo pinceladas, situaciones que a veces nos cuesta comprender y otras que simplemente parecen ser lo que no es. Y en el momento debido, ambas historias se cruzan, dando lugar a la verdadera esencia.
Dickens nos muestra cómo era la nobleza en todos sus aspectos con escenas tan estremecedoras como reveladoras: el derramamiento de vino, a las puertas de la taberna del señor Defarge; el atropellamiento del hijo de un campesino por parte de un Monseñor; las palabras de otro, que le decía al pueblo que "si tenía hambre, comiera hierba". También nos muestra, sin embargo, cómo el pueblo acaba volviéndose loco: cómo le corta la cabeza al Monseñor y le llena la boca de hierba. El espectáculo público, el baile de la Carmañola de camino a la guillotina. Momentos escalofriantes que han sabido expresar la suma crueldad de todo tipo de revuelta violenta.
En cuanto a los hechos, es preciso que tengáis en cuenta que todos los instantes y situaciones que se dan en el libro tienen su por qué. Absolutamente todas las apariciones de todos los personajes, incluso el más secundario, incluso el que más pasa desapercibido, toman un papel crucial en la cúspide de la novela. Y es necesario estar atento a todo detalle para saber disfrutar completamente del final. Porque es, sin duda, lo más maravilloso de esta novela, esta obra maestra que tanto me ha hecho cambiar de humor y de opinión con respecto a todos y cada uno de los personajes.
Y, hablando de personajes, otro punto fuerte de esta obra. Con personalidades como la de Sidney Carton, el abogado borracho que guarda en su interior una tortura. O el señor Lorry, un "hombre de negocios" con un corazón demasiado grande. O la señorita Pross, esa tierna inglesa con carácter y una bondad infinita. Pero no todo es bonito; también tenemos a la señora Defarge. Qué decir de la señora Defarge sin destripar demasiado... Simplemente, un grandísimo personaje que representa de manera maravillosa al frío y cruel tercer estado de París.
Como ya he dicho antes, quizá esta novela me parezca tan magnífica porque precisamente he estado estudiando la Revolución Francesa mientras la leía. Quizá algunos ya no os acordéis o no hayáis llegado. Yo os puedo decir que el lunes tengo el examen y, sin haber tocado los apuntes, ya me sé prácticamente medio tema.
La aparición de los jacobinos y su pensamiento radical, la vida de los sans-culottes, la horrible época del Terror, la toma de la Bastilla, el despiadado papel de la guillotina. Libertad, igualdad, fraternidad o muerte. Este libro refleja de forma maravillosa lo que fue la Revolución, cómo comenzó, cuál era el pensamiento liberal e, incluso, radical, de los líderes de la revuelta, gracias a situaciones estremecedoras. Por eso, con este libro uno no solo se entretiene: también aprende. Aprende muchísimo.


El gran final 
(Tranquilos que no hay spoilers)
Finalmente, deciros que en el final todo se "soluciona", como me dijo mi profesor cuando le decía que no me enteraba. En el final, el punto cumbre, la perla de esta gran novela, todo se sabe y todo se comprende. Y, por supuesto, son en torno a ciento cincuenta páginas que no pueden sino devorarse a una velocidad fatal.
Por último, quiero que sepáis que yo lloré como una magdalena. Ea.



Posdata: Acabo de ver Harry Potter y es MARAVILLOSA. Ya hablaré de ella en otro post ;)

1 comentario:

Elena (Bailando entre libros) dijo...

Me ha encantado la reseña :) ¡Tengo unas ganas tremendas de leerlo!